De aquí a Cirdoña

 

Si quieres aprender algo de esta historia antes debes saber que un sabio dijo una vez:

“Nada puede ser peor a que un dragón que te use de palillo de dientes.”

Me llamo Ataulfo Pestañez y este cuento sucedió tal como lo mento.

Iba yo de aquí a Cirdoña con mi gayato y mi boina. Pensando en aquello y lo otro, de mil quejas cargado. A cada canto rodado del camino con tres gruñidos apartaba y, si pisaba un membrillo, me importaba un comino. A los arbustos el gayato despachaba con saña y gusto. A los truños maldecía con el brazo arriba y a lo alto el puño.

Jrís. Jrás. Jrés.

Quejas, quejidos y quejemaquejes, de un pino al quinto abeto sonaban en septetos a pares.

Cuál elefante mudo de afonía aquejado. Cuál ciego apenado de tener por ojos niñas color azul peonía.

Iba yo de allí a Cirdoña sin tiento y sin parsimonía mientras un pinrel ponía al costado de una lagartija cuya quejumbre resonaba:

Jrís. Jrás. Y de nuevo Jrés.

Molestado con tal terceto sin rima ni salero, alcé el gayato a ojos vista y sin perder la pista dije:

– Dientes afilados y en ristra tienes , lagartija, pero corto estas de vista. Lo que masticas con no es hombre ni tocón que astillar puedas para usar de picas para limpiar de migas tus caninos alfileres. Es dura y rancia arenisca que ni la peor de las ventiscas a derribarla se atreviera.

Jrís, decía. Jrás, sonaba. Jrés, repetía.

Ni inmutado ni asabentado* seguía el reptiliano.

– Usía. El maleducado. Le digo que ni por dos ducados me haría a un lado pues al lago de Cirdoña voy y no soy paciente ni vago. Apartese, le anuncio, Maese Reptamuros. Que este camino es mio, no suyo mal que me pese. Y no es este palo de musgo que a testas mese si no, gayato robusto y leñudo.
Levantose la lagartija al atisbo del mondadientes. Observando con mirada aviesa. Sin aviso ni consejo, el ristre de agujas de filos nivéos cuál lija en madera al gayato arremetieran.

El fiel gayato, que antaño quejas amudase a palos, acuciaba sin doblarse ni medrarse la sin hueso de la avispada lagartija. La osada sin piernas abrazando al bastón en la punta se negaba a soltar su presa. Entretanto vi dos leños, deformes o ablandados, anudados a un torso que pareciese o fuese el mio. Más abajo, un pinrel aireado y otro con una suela por zapato y una piedra de arenisca. Sin perder aliento ante tal vista con prisa me apañe, con el palo amarrado a una mano en el lado opuesto a la que sobre su panza anda y con la siniestra liberaba la piedra de lo que una vez fue calzado con esta en alto, a anunciar al dragón que de un asalto en la sesera la pena sería importante si con el apéndice entre las garras no salía con urgencía del que era mi camino.

Con la lagartija ya huida, una brecha en un zapato y otro perdido, al frente como un pato fui marchando de allí a Cirdoña. Iba silbando, mientras oteaba a alados y cuadrupedos que cruzaban o se alejaban del que fuera mi camino.
Así tal cual contado fui yo, Ataulfo Pestañez, de viaje de Cirdoña a allí y que te sirva en el tuyo lo que fue dicho al final de ese camino sentado con el gayato raido y olvidado a un lado de mi cadera al oir de nuevo tu queja:

– Nada puede ser peor a que un dragón que te use de palillo de dientes.

 


 *Asabentado: castellanismo frecuente en la zona del levante español de origen valenciano. “Assabentar”, dicese de la acción de darse cuenta de algo.
**Gayato: bastón muy basto. Trozo de rama de un árbol usado para caminar a falta de un cayado. Palo.

Valencia, 26 de enero de 2015.
Cleef Hanger

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